
“Tengan fe, pero no crean, sientan con el corazón”
Rebecca Roggen
“Más allá de la vida” (Hereafter) es una película que narra silenciosa y simultáneamente, varias vidas que se entretejen en un final abierto, reunidos por circunstancias que les ha llevado a parecerse los unos de los otros, sea por la posesión de un don sobrenatural, una misma curiosidad por el más allá o el deseo siempre latente, de reestablecer comunicación con aquellos seres queridos que hemos perdido.
En la búsqueda o contacto real con el más allá, percibimos la aguda soledad común que sufren los protagonistas, producto de la incomprensión. Una soledad que se ve compensada cuando otro se identifica contigo y te comprende, comprensión que siempre une cuando las partes se ven reflejadas la una en la otra. Y sobre todo una perseverancia indestructible que nace de la convicción profunda en una idea, en la fe en que encontraremos lo que buscamos.
La lentitud es pertinente requiriendo un ritmo pausado, dejando suficiente espacio para disfrutar el “vacío” que subyace en toda la película. Nos acercamos a un tema controvertido del que el mismo protagonista –que es un psíquico genuino experimentado- no tiene idea aún de qué es, es decir, la muerte como un proceso, transición o incluso vida indescriptible que no puede ser abarcada con conceptos, más sí, posiblemente, con señalamientos vagos. Por ejemplo, señalamientos como contactos con personas fallecidas o sensaciones que han sentido individuos que han “experimentado la muerte”, que nos conducen a una idea de lo que es este fenómeno pero que no nos lo definen.
Una película especial, llena de sustancia y vacía de contenido: No existe tal paradoja, simplemente “Más allá de la vida” es una obra maestra que evoca sensaciones más que razonamientos, donde las acciones en la historia se vuelven casi complementarias, acompañando, en calidad de rol secundario, la esencia divina de algo que va más allá de nuestra comprensión: la muerte y una vida después de ella.
Tanta belleza en tal simplicidad nos invita a que miremos a la muerte con una actitud desprejuiciada, libre de estigmatizaciones y abierta ante lo que desconocemos, cosa que tal vez sea más agradable de lo que parece, viéndola, quién sabe, como la consumación de la vida física trascendiendo a otro modo de existencia mucho más hermoso.
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