© Copyright. Todos los Derechos Reservados

viernes 29 de julio de 2011

De la mayoría y su ilusión

Existe una pugna entre las concepciones de lo que es “Normal” y “Anormal”, “convencional” y “atípico”, “bueno” o “malo”, concepciones que surgen y dependen siempre de la mayoría, que según sus intereses y manera de pensar, creen que lo que se aplica a la mayor parte es lo natural y, claro está, en contraposición a la minoría que suele ser estigmatizada y rechazada por salir del molde industrial preestablecido, es decir, por ser diferentes a la masa más grande.

Y así como las películas comerciales, los sistemas educativos, los libros best-sellers y el tamaño de las puertas, todo está condicionado para una mayoría, para la media “estándar”: mayoría que juzga y dicta en función de la mayoría, no de la minoría. Porque reitero: el concepto de “normal” se rige por la norma que siempre es la preponderante, es decir, por la mayoría, nunca por la minoría. Esto no sería malo de no ser porque en muchas sociedades no se toman casi en cuenta a los grupos minoritarios.

De esta manera las personas “raras” (raras porque son pocas) como los artistas, superdotados, homosexuales, reformistas, filósofos, músicos, e incluso científicos, han sido excluidos o convertidos en parias, en muchísimos momentos de la historia pasada y contemporánea, sólo por el hecho de ser diferentes a la mayoría, por pensar distinto y ser minoría, por no estar acoplados con la mayoría normativa. La gran masa gris rechaza al individuo colorido porque no es gris como ellos: Cruel como es, obliga a éste, a través de distintos métodos de presión (como la exclusión), a que se pinte de gris para que sea aceptado, sino te juzgan de antinatural (como el caso de los homosexuales), de hereje (como a Galileo), de loco (como a Nietzsche), de rebelde (Lutero), ect.

"Ser o o no Ser" dijo Shakespeare exponiendo así el dilema humano de gran parte de nuestra sociedad.

Este sistema totalitario se ha vuelto cada vez más sutil, pero sigue estando vigente; ha segregado por mucho tiempo a personas valiosas y nos ha enseñado que es bueno no ser auténticos, sino que debemos hacer lo que la mayoría hace. Pero la mayoría ha formado su idiosincrasia irónicamente porque una minoría gobernante la ha conducido a tal destino. Pero esta es otra clase de minoría, es la que representa a dicha mayoría (en nombre de la democracia, el mejor sistema que hay, pero evidenemente no el óptimo para las minorías restantes), ésta es la que tiene la autoridad para gobernar: Unas minorías que le han dicho lo que supuestamente es bueno o malo, normal o anormal; unas minorías que han decidido lo que es cosa mayoritaria y minoritaria, excluyendo e incluyendo a su voluntad en nombre del bien mayor…y el resto de la masa solo ha seguido.

Pero justamente si profundizamos descubriremos lo absurdo de este postulado “mayorista”: Si yo fuera Yo sería diferente, por no ser Yo soy mayoría. Al ignorar esta verdad, creemos que lo que hace la mayoría debe ser lo correcto (porque por algo es mayoría), pero en realidad no vemos que el resto está en nuestra misma situación existencial, es decir, cada cual solo trata de seguir lo que se supone que sigue la mayoría en un intento de integración y cohesión con su sociedad. Esto sin darse cuenta que todos somos, en cierto modo, minorías porque somos individuos diferenciados, minorías tratando de integrarse a una ilusoria mayoría que en muchos aspectos, en realidad, NO existe.

Pero todo este comportamiento tiene una causa bastante clara y definida: El miedo a la soledad. Para evitar quedarnos solos nos volvemos grises y perdemos los colores que nos identifican como individuo, nos perdemos en la masa y perdemos nuestra identidad. La diversidad muere en nombre de una mayoría que supuestamente nos dará felicidad porque nos aceptará…si somos como ella. Todo porque no soportamos la idea de no calar, porque nuestra autoestima depende de la estima ajena, porque subestimamos nuestro valor intrínseco, porque creemos que nuestra voz no vale, cuando en realidad es la única que tiene importancia.

Este ideal -de pertenecer a la mayoría- que nos han inculcado ha matado al individuo en un intento de mantener una unión y orden basados en la uniformidad, sin tomar en cuenta que podemos seguir unidos y estables siendo diferentes; que podemos funcionar respetando las diferencias y enriqueciéndonos con ellas; que no debemos temer a la soledad por ser como somos, sino que ahora podemos elegir expresar nuestra identidad así como defenderla, porque a la larga seremos felices siendo fieles a lo que somos…como individuos con personalidades irrepetibles y particulares.

A mayor desarrollo humano, mayor tolerancia e inclusión de las minorías...ahora todo prejuicio o rechazo contra las minorías debe ser eliminado para dar paso a una percepción más abierta de nuestra realidad humana que es maravillosa, y entender que ser diferente no es malo, sino bueno, no por cuestión narcisista de “soy superior, porque no soy del montón” sino por cuestión sencilla de que “Soy yo”. Todos tenemos derecho a Ser siempre y hemos de respetar el derecho de los demás. Y por último: Todos debemos ser tomados en cuenta. Basta de ignorar las necesidades de las minorías, porque al final todos contamos. Por una sociedad más tolerante, empática e inclusiva.

Roblen

1 comentarios:

  1. Un fuerte abrazo y de nuevo te felicito por tu brillante e inteligente blogs, abrazos

    ResponderSuprimir