
El bien, la humildad, el amor, la sinceridad, la generosidad, la felicidad…se cree comúnmente que la aplicación de los valores hacen a la persona ser virtuosa. ¿Y quién nos ha enseñado lo que es virtuoso o no? Los valores o virtudes humanas tienen su origen –o al menos su máxima expresión ejemplificada- en las enseñanzas de los muchos hombres (comúnmente llamados “sabios”) que han ido revolucionando nuestra historia con su legado. Ellos con su entendimiento particular nos han indicado, de distintas maneras, cuál es el camino para llegar a la virtud y qué es una virtud. Porque si estudiamos con profundidad, la virtud no fue virtud hasta que el “sabio” la popularizó.
Por ejemplo, de Confucio, Buda y Jesús se han creado religiones o filosofías y millones de personas las siguen hoy en día ¿Por qué? porque todos quieren seguir a esos hombres virtuosos para convertirse también en seres virtuosos. Confucio nos enseñó el valor de la bondad, Buda el de la compasión y Jesús el del amor. Cada cual, al igual que otros más contemporáneos (como Gandhi y la no-violencia,
Seguimos porque imitamos y la imitación tiene una particularidad: Sin referirnos a las imitaciones burlescas, sino a las imitaciones funcionales (imitar como función de “aprendizaje”), descubrimos que imitamos cuando no hemos comprendido aquello que imitamos. Por ejemplo, necesitamos imitar y seguir los pasos del instructor de baile cuando aún no comprendemos el baile, de lo contrario no necesitaríamos imitarlo, nosotros seríamos el instructor, no el alumno. U otro ejemplo, los loros imitan el lenguaje del hombre, pero en realidad no lo comprenden. Pero cuando comprendemos ya no necesitamos imitar más.
De esta misma manera la virtud imitada no es comprendida. El virtuoso ha recorrido su propio camino para llegar a la iluminación, tú has de hacer lo mismo, pero seguirlo e imitarlo no te hará ser como él. Seguir a Buda no te convierte en él, como seguir a
La virtud es una expresión del alma muy natural, es algo que proviene del Ser espontáneamente cuando se es auténtico. La virtud surge naturalmente cuando la persona ha alcanzado un grado de consciencia muy elevado, que nace cuando ésta ha descubierto
Pero la virtud imitada no es una virtud auténtica, es una mentira, porque no estás siendo tú ni eres tú quien ha conseguido la verdad ni su virtud intrínseca. Y la verdad así como la virtud no es algo que nadie te pueda enseñar, porque estos valores son algo muy íntimo que cada persona tiene que descubrir en su interior, no en el exterior. Nadie ni nada puede decírnoslo, porque la verdad (y las virtudes que dimanaron de ella) que encontró Lao Tsé fue su verdad, no es la nuestra. Y vemos a muchas, pero muchas personas, hablar del amor, hablar de la bondad o del bien, pero ¿en realidad comprenden lo que dicen?
En el confucianismo podemos ver algo muy interesante: Se relata de la persona ordinaria, del noble y por último del sabio, hablaremos de estos dos últimos. El noble sigue las escrituras de los sabios, sigue sus enseñanzas y sigue los rituales pertinentes; el sabio en cambio, no sigue a nadie, solo se sigue a si mismo porque ha encontrado que la verdad está en su fuero interno. El uno trata de parecer, el otro es.
Ahora ¿por qué las virtudes se han desvirtuado? Porque se han tergiversado, porque las personas las han asumido como leyes que deben seguirse e imitan mecánicamente a los virtuosos sin comprender a dichas virtudes de corazón. El deber…debes hacer algo porque sí, “porque eso es lo correcto, eso dijo Jesús”, pero esto es hipocresía. Las personas sufren para ser como los virtuosos, y entre más intentan parecérseles más se alejan de lo que tanto buscan, se van al extremo opuesto de la virtud. Pero no sólo esto, sino que interpretan a los virtuosos según su condición insana y hacen cosas terribles en nombre de ellos y de la virtud. Se han desencadenado cruzadas, guerras “santas”, quemas a personas, asesinatos y mucha violencia en nombre del bien, de lo que es correcto; en nombre de la religión que profesamos. ¿Y para qué? ¿Hemos alcanzado lo que tanto buscábamos?
La aplicación de las virtudes no es suficiente, primero hay que ser auténticos para que las virtudes vengan -espontáneamente- por añadidura. Imitar al virtuoso es inútil si ese es nuestro fin último, porque más que imitar es hora que escuchemos la verdad…que está en nosotros. Nietzsche dijo una vez: "Se recompensa mal a un maestro si se permanece siempre discípulo"...
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